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La soledad

Explicación psicoanalítica sobre el sentimiento de soledad y la capacidad de estar solo

El sentimiento de soledad se experimentaría por primera vez desde los inicios de la vida, ya que en el trauma del nacimiento, después de la separación del cordón umbilical, el recién nacido desea volver al claustro materno, y el hecho de tener que salir de éste y enfrentarse al mundo, le crea una fuerte ansiedad.

Desde el principio, el bebé está dominado por impulsos buenos o de amor, (son los que le conducen a sentirse querido) y otros malos, ( que le hacen temer el peligro de ser destruido, de la muerte y que conducen a la destrucción). El bebé, en un principio, también concibe a la madre como si formase parte de él mismo, no es capaz de diferenciar que él es un ser separado de ésta, por eso una ausencia de la misma, que es la que satisface todas sus necesidades, podría ser concebida por él como una amenaza de muerte, pues sus necesidades para sobrevivir dejarían de estar cubiertas.

Es importante remarcar que cuando aquí hablamos de madre, no sólo nos referimos a la madre biológica, sino a todo ser que haga las funciones de madre. Así pues, cualquier figura que proporcione el cuidado maternal que el bebé necesita en esos momentos, como el padre, algún abuelo, etc , sería también la figura maternal de la que hablábamos anteriormente.

diferenciado de su madre y debido a eso es capaz de ir tolerando progresivamente y cada vez más sus ausencias. Para aprender a hacerlo, al recién nacido le agradan los juegos de vaivén, de acercarse y de alejarse, así va asimilando paulatinamente esta separación.

Una relación primeriza satisfactoria con la madre implica que el pequeño sienta que la madre le comprende, le cubre las necesidades, que no serían únicamente las biológicas o de alimentación e higiene, sino también las afectivas, es decir, que se sienta querido, que se expresarían más con el contacto físico, mediante abrazos, etc.

Es cierto que los bebés que no reciben este otro tipo de cuidado maternal tan importante, están más carentes de amor y tienen muchas menos posibilidades de sobrevivir. Se vio que los niños huérfanos, muchos morían antes del primer año de vida, y tenían más tendencia a estar enfermos. Si el bebé siente esta primera relación como satisfactoria, ésta constituye el principio fundamental de lo que sería posteriormente el sentimiento de sentirse comprendido y querido.

Aun así, aunque encontremos a una persona con la que congeniemos, por quien nos sintamos comprendidos, a quien poder expresar nuestros sentimientos y pensamientos, siempre quedaría el deseo inconsciente de una comprensión sin palabras, aquélla que nos recordaría esta relación primeriza con la madre. Este deseo, según Melanie Klein, contribuye al sentimiento de soledad y es producto de la experiencia interna de haber sufrido una pérdida irreparable.

De todas maneras, con el desarrollo de la persona, se va logrando una integración progresiva del concepto que tenemos de nosotros mismos, aceptando nuestras emociones, pensamientos, y por tanto aceptando y asimilando en nuestro concepto mental, nuestros sentimientos basados más en el amor y la confianza, ( en psicología psicoanalítica se llama objeto bueno interiorizado ) y también aquellos más basados en la destrucción, sería todo aquello que nos crea desconfianza o que sentimos como una amenaza, (objeto malo interiorizado).

De esta manera podemos ir aceptando por ejemplo, que aunque existan aspectos que nos agraden mucho de nosotros mismos, que nos dan seguridad, y que en general ya nos gusta como son, también tenemos aspectos que nos hacen sentir más inseguros, que tememos más y que pueden hacer más daño, ya sea a nosotros mismos o a los demás, (agresividad), aunque esta parte normalmente se manifieste de una forma muy encubierta. El miedo a la muerte, que podemos tener a lo largo de nuestra vida, forma parte de este sentimiento de amenaza y también juega un papel importante en el sentimiento de soledad.

A pesar de esto, esta integración de objetos buenos y malos, y de todo aquello que forma parte de nuestro mundo mental, como emociones, fantasías y pensamientos, nunca se hace de una forma total o permanente, y éste es un factor importante que persiste en el sentimiento de soledad, del que, por tanto, nunca acabaríamos de liberarnos del todo, y que se relaciona con el hecho de que nunca acabaríamos de sentirnos del todo comprendidos. De todas maneras, con una buena integración, este sentimiento no nos impide percibir nuestras relaciones -incluso la que tenemos con nosotros mismos- como básicamente satisfactorias.


 

 
 
                        
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