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SECCIÓN PSICOLÓGICA
TEMAS ABIERTOS: DESARROLLO PERSONAL |
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La soledad
Valentía de ser uno mismo
Para definirlo me serviré de la definición que da la psicoterapeuta Sue Patton Thoele:
" Valentía es la habilidad de hacer lo que es necesario, o sentir lo que es necesario sentir, aunque tengamos miedo. Es el deseo de poder arriesgar o actuar a pesar del miedo o del dolor."
Todos nosotros tenemos valentía, es aquello que nos ayuda a conseguir las cosas que nosotros queremos, lo que nos motiva a ser nosotros mismos, y a vencer las dificultades que se nos presentan. Pero a veces decidimos no utilizarla, como decíamos antes, traspasando la responsabilidad de hacernos felices y sentirnos queridos por los demás en lugar de ejercitar nuestro coraje, asumiendo que sólo nosotros podemos hacernos felices.
Si normalmente no hacemos uso del coraje, también podemos aprender a ejercitarlo escuchando más a nuestra voz interior que nos dice las cosas que tenemos que hacer para sentirnos bien, y atrevernos a hacerlas, aunque sepamos que recibiremos rechazo o enfrentamiento de algunas personas por este hecho.
Un ejemplo de una persona que ejercitando su coraje pudo cambiar una situación de dependencia emocional, pudiendo sentirse más viva, independiente y feliz con ella misma, puede estar representado por una mujer que era muy fuerte cuando se tuvo que quedar al cargo de sus cuatro hijos pequeños, que la necesitaban.
Cuando empezaron a crecer y marchar de casa, su salud empezó a empeorar. De esta manera, cada vez que un hijo se preparaba para marchar de casa, su salud empeoraba; los médicos le hicieron hacer diferentes pruebas y se quedaban perplejos ya que no encontraban ninguna explicación a este empeoramiento de la salud. La última hija que abandonó la casa fue a terapia buscando ayuda para poder paliar la culpa que sentía por haber abandonado a su madre enferma y desprotegida.
Cuando la terapeuta recibió a la madre de la chica y pudo tener algunas entrevistas con ella, ésta acabó por destapar la fantasía de que se veía acabada por la renuncia a su función de madre. De esta manera su cuerpo respondía a estos pensamientos, caducándose igual que lo que ella pensaba que era su mérito como persona.
Esta mujer ejemplifica perfectamente la dependencia emocional extrema de creerse válida a través de los demás. Ella se sentía merecedora y apreciada en función de ser y hacer de madre de los hijos, así que cuando esta situación terminaba, ella también se sentía acabada, sin encontrar ningún otro sentido a su existencia.
Gracias a las entrevistas terapéuticas y a sus ganas de cambiar, pudo entender lo que estaba haciendo, redefiniendo su vida y siendo capaz de sentirse útil y valorada por otras cosas que no fueran hacer de madre. Se convirtió en una mujer muy sana y activa, trabajando en una casa de acogida para mujeres maltratadas y para sus hijos.
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