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La comunicación no verbal
 
Postura, gestos y otros movimientos corporales

La postura es la forma de comunicación no verbal más fácil de descubrir. Mediante su análisis podemos observar características de la personalidad de un individuo o una determinada actitud ante una situación o su relación con otras personas. Mediante la observación de las diferentes posturas, podemos descubrir algunos hechos que se dan, como los siguientes:

A menudo imitamos actitudes corporales de otros, sobre todo si nos sentimos sintonizados con estas personas. De este modo ante una discusión de grupo, generalmente podremos observar que aquellos que están de acuerdo adoptan posturas complementarias. Para Scheflen, quien comparte un mismo punto de vista, comparte postura.

Si en un grupo hay varios tipos de posturas diferentes pero todas se adaptan al grupo de forma congruente, si una de las personas modifica su posición, generalmente los otros miembros del grupo también lo harán.

Un mismo estatus dentro de un grupo se suele caracterizar por una postura determinada. Los que no comparten la misma postura en una situación de relación entre diferentes personas, tendrán estatus diferentes, como por ejemplo, los camareros y los clientes de un restaurante.

Con nuestro cuerpo establecemos fronteras u oberturas hacia otras personas, estemos solos o en grupo. Por ejemplo, si un grupo de amigos se sienta en la misma fila, los de los extremos pueden extender un brazo o una pierna para excluir a los que no son del grupo.

Si sentimos antipatía o queremos marcar distancias a una persona que se nos ha sentado cerca, podemos observar que casi de forma inconsciente podemos darle respuestas, como cruzar brazos y/o piernas, inclinarnos ligeramente hacia el otro lado, como si le quisiéramos dar la espalda,..., éstas son formas de crear una barrera personal respecto a la otra persona.

Es una clave que nos puede mostrar una parte del carácter de la persona ya que es un aspecto personal y exclusivo.

Nos puede dar información sobre el estado emocional de las personas en aquel momento. Por ejemplo, una persona que tiene una depresión, sus hombros suelen curvarse bajo el peso de sus problemas. En cambio, una persona que tenga nerviosismo adoptará una postura mucho más erguida, como si en todo momento tuviera que estar preparada para entrar en acción.

Es también una fuente de expresión de actitudes. Si estamos explicando alguna cosa a una persona y ésta está apoyada en las rodillas e inclinada hacia nosotros, suponemos que está interesada en lo que decimos; si por el contrario, está apoyando la espalda en el asiento y con la mano tapándose la boca, nos sugiere que no le interesa mucho lo que le decimos. Aunque no nos podemos precipitar en las conclusiones,... ¡podría tener mucho sueño!

Existe un folklore de cómo interpretar las posturas: una persona que cruza los brazos sobre el pecho puede representar una actitud de pasividad o que muestra resistencia ante una situación o personas.

Por este motivo, en las primeras sesiones de terapia de grupo, a los participantes que adoptan esta postura, se les pide que abran los brazos y piernas a fin de estar más abiertos ante el grupo.

Los gestos:

Junto con la postura, los gestos son otro tipo de lenguaje corporal que utilizamos para expresarnos. Los dos tipos principales de gestos que se han clasificado son:
*Los emblemas: son actos no verbales que se hacen con movimientos de la mano y que tienen una traducción verbal directa, conocida por la mayoría de los miembros de un grupo o subcultura. Se utilizan para enviar mensajes a otras personas, para expresar una idea, para dar énfasis a lo que decimos. Un emblema sería por ejemplo el gesto de pedir la cuenta en un restaurante - que normalmente utilizamos si el camarero a quien queremos hacer llegar el mensaje está lejos y queremos evitar llamarle en voz alta o esperar que se nos acerque-. También sería un emblema el gesto que utilizamos para decir que marchamos, muy apropiado si estamos en una sala donde la música está muy alta; es una manera mucho más efectiva de comunicar este mensaje que hacerlo de forma verbal.
*Los ilustradores: son movimientos que se hacen voluntariamente en el discurso para ilustrar o remarcar lo que se ha dicho verbalmente. Se hacen principalmente con las manos y están más relacionados con el discurso que los emblemas. Ejemplos de éstos son señalarse con un movimiento de manos cuando se está explicando alguna cosa que hace referencia a uno mismo. Una situación en la que se puede utilizar la encontramos cuando vamos a comprar a una tienda en el extranjero. Por ejemplo, para pedir que queremos alguna cosa, a parte de decirlo de la forma más clara posible, acostumbramos a señalarla con el dedo. Los gestos como lenguaje personal, son también propios y definidores de cada persona, así pues, podemos incluso llegar a reconocer a las personas por sus gestos.

Mediante los gestos también podemos manifestar algunos estados emocionales. Por ejemplo, una persona que doble las manos juntas, a menudo puede indicar que está nerviosa. Un estado general de agresión estaría más bien representado por un puño cerrado.

De todas maneras, las personas también podemos controlar y manipular nuestro comportamiento produciendo el gesto opuesto a nuestro estado real o sencillamente reprimirlo y no hacer aquel gesto que espontáneamente íbamos a hacer, pero que pensamos que es más apropiado no hacerlo en aquella ocasión. Así que no siempre la observación de gestos nos proporcionará una información válida sobre lo que piensa o siente aquella persona respecto a una situación. Otros aspectos a tener en cuenta son que el estilo gestual de cada persona también está condicionado por factores como la cultura y educación en las que se ha crecido, la edad, sexo - se puede comentar que, en general, se ha visto que los hombres acostumbran a hacer gestos más expansivos que las mujeres- o incluso puede influir el hecho de si una persona está cansada o no.
Otros indicadores de carácter mediante el análisis de gestos, posturas y otros movimientos corporales:

Los movimientos de cada persona son personales y únicos. A pesar de todo lo que hemos visto, pueden variar en función de la situación en la que se encuentren y la relación que tengan con las personas que le rodeen.

Lo cierto es que, en general, podemos descubrir un estilo característico. Por ejemplo, el simple hecho de caminar, si se hace habitualmente taconeando de forma enérgica, nos puede dar la impresión de ser una persona decidida, en cambio, otra persona que camine con una falta de impulso, como si tuviera miedo de estropear el suelo, puede dar la impresión de falta de seguridad. De la misma manera, se pueden sacar impresiones de las personas en función de cómo dan la mano - recurso utilizado a veces en las entrevistas de trabajo -, así, podemos ver como un fuerte y decidido apretón de manos nos dará la sensación de que la persona que lo da es fuerte y segura; en cambio, si cuando se da la mano, se hace con muy poca energía, seguramente que nos dará la impresión de que se trata de una persona insegura o débil de carácter o, en el caso de que se haga de forma escurridiza, podemos pensar que se trata de una persona poco fiable.

Algunos investigadores que se han dedicado a analizar diferentes posturas han encontrado entre las diferentes variantes: posturas "orgullosas", maneras de caminar "seductoras" o gestos "exigentes". De manera que algún investigador, como Warren Lamb, ha aplicado este análisis para evaluar a los aspirantes a puestos de trabajo de directivos, en función de sus estilos de movimiento.

Lamb nos define un nuevo término: el flujo del esfuerzo, que se refiere al cambio en la energía que damos a nuestros movimientos y que va desde la tensión a la relajación. Mientras que los niños pequeños varían mucho este flujo, en las personas adultas, una variación más grande se relaciona con una actitud más espontánea y flexible de la persona.

También podemos ver a personas que manifiestan actitudes más rígidas y suelen caracterizarse por movimientos que parecen más monótonos o robóticos. La observación de estos tipos de movimientos se puede ver por ejemplo cuando las personas bailan.

Otra característica importante que se señala para que un movimiento nos transmita la impresión de una actitud espontánea es que se realice una integración y proporción de movimientos gestuales y posturales, ya que un gesto únicamente gestual, pero no postural, puede dar la impresión de una actitud forzada.

También se puede relacionar el esfuerzo que se utiliza en el movimiento con el humor o los sentimientos. Por ejemplo, un fuerte movimiento hecho hacia abajo puede indicarnos decisión o aseveración, mientras que un movimiento hecho de forma ligera y suave nos puede transmitir sensibilidad y suavidad. Así pues, la manera de realizar nuestros movimientos, hechos con más o menos energía, hechos de forma más brusca o suave, etc., nos pueden dar una información muy importante sobre la forma de relación de una persona con las demás, por ejemplo, expresándonos su flexibilidad o rigidez en el trato personal.


 

 
 
                        
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