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La comunicación no verbal
 
Comunicación no verbal en el discurso

Cuando una persona habla, transmite un conjunto de mensajes a través de otros canales no verbales, que acompañan a sus palabras, enriqueciéndolas y que hacen que éstas lleguen al receptor de una manera determinada.

Los orígenes de la coordinación entre los signos verbales y no verbales ya se pueden ver en los niños, que se comunican con sus madres antes de que puedan hablar. Al final del primer mes ya han conseguido la mirada mutua, entre los 3 y 4 meses pueden utilizar la mirada, la sonrisa y la vocalización y a los 2 años ya han conseguido una integración de la mirada y las vocalizaciones en la conversación.
Las pausas de silencio: en una conversación pueden representar tiempo para pensar. Así pues, pueden indicar que no se está demasiado seguro sobre un tema y se tienen dudas a la hora de responder. También puede ser una señal de un cambio de tema de conversación, indicando el final del anterior. Otra función que pueden tener es dejar un espacio a la otra persona, para ver si la persona que nos escucha está entendiendo lo que le decimos, y así, cederle el turno de conversación por si tiene alguna cosa que decir sobre el tema.

En un estudio elaborado por Goldman y Eisler, en el año 1968, encontraron que se hacían el doble de pausas de silencio cuando a la gente le tocaba hablar sobre temas más difíciles. Otro estudio hecho por Lalljee, en el año 1971, encontró que las personas que utilizaban muchas pausas, pero no de silencio, como por ejemplo " yo creo que él fue, perooooo, me parece..." eran generalmente interpretadas por sus interlocutores como signos de ansiedad o aburrimiento de los oradores. En cambio, los sujetos que hacían pausas de silencio en su discurso, eran percibidos como ansiosos, enfadados o secos.
En definitiva, las pausas de silencio tienen como función principal, darnos tanto para el que habla, como para el/los que le escuchan, un tiempo para asimilar aquello que se está diciendo y así preparar un nuevo espacio mental para los siguientes mensajes que se reciban o se transmitan. Sin éstas, la conversación sería bastante difícil de seguir para todos y podría llegar a resultar muy agotadora, sobre todo para el oyente. ¿No has conocido nunca a alguna persona que hable sin parar?
Tono de voz:
Éste es muy importante a la hora de interpretar un mensaje verbal, pudiendo hacer que una misma frase, acompañada por un tono de voz diferente, pueda adquirir un significado totalmente diferente. Así, por ejemplo, si un amigo nos dice con un tono de voz afable y amistoso "mira que eres tonto de no querer venir a la cena" podemos interpretarlo como un interés de nuestro amigo para que asistamos a la cena, y la palabra "tonto" no nos parece un insulto. En cambio, si nuestra pareja u otro amigo nos dice con un tono irritado y gritando "¡mira que eres tonto de no querer venir a la cena!" En este caso la palabra "tonto" sí que nos puede sonar como un insulto, transmitiéndonos la idea de que está muy enfadado o nos recrimina el hecho de no querer ir a aquella cena.
Gestos:
Como se ha dicho antes, al hablar, la gente utiliza diferentes movimientos corporales, sobre todo utilizando las manos, como son los gestos, para dar énfasis a sus palabras. Un buen ejemplo de esto son los discursos electorales de los políticos, en los que podemos ver como estos personajes públicos se sirven de múltiples gestos que hacen sobre todo utilizando gestos de manos y brazos, para hacer más convincentes sus mensajes. Diferentes estudios demuestran que hay una perfecta sincronía entre las declaraciones y los gestos, marcando éstos las divisiones entre las diferentes partes de las frases de un discurso.
Mirada:
Otra idea citada antes es que cuando las personas hablan entre ellas, miran intermitentemente a los que les escuchan. La principal razón de ello es captar sus reacciones sobre lo que se ha dicho.

La cantidad de mirada que se da cuando se produce una comunicación verbal entre diferentes personas varía según la situación. Por ejemplo, se ha visto que se dan más miradas cuando la distancia entre los interlocutores es más grande.

Los oradores miran más a sus receptores al final de sus declaraciones, también en las pausas gramaticales, especialmente al final de largas frases, relacionado, tal como podemos ver, con las pausas de silencio. La mirada, al mismo tiempo, también nos puede enviar información en el transcurso de una conversación, puede utilizarse para señalar a algunas personas u objetos, por ejemplo para indicar quién tiene que hablar a continuación.
Señales de feedback:
Estas señales tienen un efecto poderoso sobre los emisores. Son, por ejemplo, pequeños refuerzos como movimientos de cabeza y sonrisas; se ha visto que hacen aumentar rápidamente la producción del habla. También se ha visto que la ausencia de señales de feedback por parte del receptor en una conversación, son percibidas por el emisor, como respuestas negativas y éste acostumbra a reaccionar de diferentes maneras como hablar más fuerte para captar la atención del receptor o callar.

Dentro de estas señales de feedback en la conversación tenemos los gestos. Los más comunes, en este caso, serían decir que sí o no con la cabeza, la postura, por ejemplo una postura más inclinada y más directa hacia una persona, que puede indicar interés en aquello que se está diciendo. En cambio, las posturas utilizadas cuando se estaba en desacuerdo con el emisor, parecían vigilantes o defensivas, el cuerpo mostraba una oclusión, por ejemplo mediante el cruce de brazos y piernas, a través de movimientos faciales, expresando por ejemplo interés o placer en la conversación, a través de sonrisas, malestar, disgusto o duda, frunciendo el ceño. No olvidemos a una de las señales de feedback más poderosas, la mirada, que es la mejor herramienta para transmitir nuestro interés hacia aquello que se está diciendo.
Otras maneras de percibir las señales de feedback:
Puede pensarse que las personas ciegas tendrían más dificultades en sus interacciones por el hecho de no poder utilizar las señales de feedback visuales, tanto para el que habla como para el que escucha. Para comprobar esta hipótesis, Kempt realizó un estudio en el 1981, en el que observó el tipo de relaciones interpersonales que se daban entre parejas de personas ciegas que tenían conversaciones y lo comparó con otras interacciones en las que los dos interlocutores eran videntes.

Los resultados que obtuvo parecen desmentir la idea inicial ya que Kempt encontró que las parejas de ciegos tenían conversaciones más espontáneas, tenían declaraciones más cortas y se interrumpían más, demostrando así que aunque no puedan servirse de señales visuales, pueden utilizar otras señales, como por ejemplo el tono de voz, que pueden analizar y utilizar de forma mucho más rica que las personas videntes.


 

 
 
                        
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