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Ser padres
 
Padres separados

En primer lugar tendríamos que hablar de quiénes son realmente los padres separados, ya que no sólo son aquellos que están físicamente separados, sino también aquellos que a pesar de vivir juntos, están psicológicamente separados.

Los niños que viven la primera situación, a pesar de la necesidad de readaptación constante a las nuevas situaciones, (que comportan bastante dificultad en un principio), se encuentran en una situación clara, saben qué terreno pisan.

En cambio, en la segunda situación, los niños tienen muchos más problemas para construir su personalidad como hombre o como mujer, en un hogar que ofrece una apariencia engañosa de los adultos como pareja, de padres que por su manera de hacer y de ser, organizan una noción viva del aspecto masculino y femenino (tal como se ha dicho antes), y en un hogar donde el padre y la madre han renunciado al papel de complementariedad fecunda. Cuando el niño intenta identificarse con el adulto, siente una amenaza a su vitalidad, pues ha recibido imágenes incompletas de éste, que no le parece bastante fuerte o suficientemente querido.

La importancia de la edad:

El niño siente las contrariedades y la separación entre sus padres de una forma más dolorosa cuanto más pequeño es. Así, si los padres se separan antes de que el niño tenga 6 o 7 años (cuando entra en la etapa de la latencia), el niño puede recibir esta separación como un choque importante ya que éstos son unos años decisivos en la modelación de la personalidad del niño, y para la formación de ésta es importante tener a las dos figuras parentales para identificarse. Después de esta edad, el choque no será tan importante ya que se va haciendo más autónomo y se recupera más fácilmente. El niño acostumbra a dar la culpa de las dificultades que tienen que pasar él y el progenitor con el que se queda, a la persona que ha marchado.

Aunque antes existía un mayor rechazo social a la separación, que provocaba que los niños de padres separados pudieran sentirse diferentes de los demás niños y por lo tanto, más discriminados, hoy día, que esta situación está mucho más normalizada y es mucho más habitual, ya no se da este hecho.

Los problemas de la separación vienen marcados sobre todo por una actitud neurótica de los padres. Así, unos padres que no hayan tolerado bien la separación e inician una lucha entre ellos, a menudo y a través del niño están pendientes de lo que ha dicho el otro padre. Esta actitud hace que el niño se sienta amenazado por estos conflictos y esto le puede crear una falta de seguridad y a menudo hace que se le desarrollen sentimientos de culpabilidad, sintiéndose responsable de los problemas de sus padres. En estos casos es buena la ayuda de un psicólogo u otra persona imparcial respecto a los problemas de sus padres, que le ayude a expresarse libremente y de esta manera pueda encontrar su autonomía, la autoestima, y a la vez pueda seguir queriendo a sus padres, a parte de su fracaso de pareja. Es importante, pues, no menospreciar ante el niño la actitud del otro padre, ya que tal como se ha dicho antes, todos estos ataques van también contra él (del padre que interioriza mentalmente).

Los padres que han superado bien la separación y forman una nueva pareja, si ésta tiene una buena actitud paternal hacia sus hijos, éstos no tienen que tener ningún tipo de problema en su desarrollo. El problema viene cuando el padre con el que viven mantiene una actitud de víctima ya que les da una visión de adulto mutilado, incapaz de tener autonomía, de asumir las propias responsabilidades, de volver a vivir.

Cuando los padres se separan es bueno crear un clima de seguridad, afecto y confianza con cada padre para que el niño sienta que es querido por los dos. También ante esta situación, así como en otras situaciones traumáticas, como puede ser la muerte de un familiar, es importante que los padres expliquen la verdad en aquel momento, con palabras que puedan entender (por ejemplo diciéndoles que los dos le siguen queriendo, pero que ahora ya no pueden vivir más juntos porque no se entienden), permitiéndoles a la misma vez que puedan expresar su sufrimiento.

Otro hecho a tener en cuenta es el peligro que uno de los padres se dedique totalmente al niño, haciéndole sentir que es su único consuelo ante esta desgracia. Esto carga de culpa y responsabilidad al niño, que para que se desarrolle adecuadamente necesita saber que sus padres, a parte de él, tienen sus necesidades afectivas y sexuales (sea con el otro padre o con la nueva pareja).

- WINNICOTT, D.W., El hogar nuestro punto de partida. Ediciones Paidós. Buenos Aires. 1993.


 

 
 
                        
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