Buscar Pareja - Agencia Matrimonial


 
 
 


 


Los mensajes de los sueños
 
Dos relatos de sueños

El sueño de Dora

Estoy sentada en el borde de un hoyo con una pierna fuera y la otra dentro.
Estoy tranquila aunque me doy cuenta de que tengo un pié metido dentro de cemento armado y que no puedo sacar la pierna del hoyo.
Desde esta posición voy viendo a mucha gente pasar, todos dirigiéndose hacia un mismo lugar. En comparación conmigo, ellos son gigantes. Nadie observa que yo estoy allí. Me doy cuenta de que cuando hayan pasado yo me quedaré sola y me empiezo a angustiar por no poder salir sola de allí.
Terapeuta dirigiéndose a Dora: Sé el cemento. Habla de tu existencia como cemento armado.
Cemento: Soy un cemento muy duro porque hace muchos años que estoy aquí.
Terapeuta: ¿Quién te puso allí?
Cemento: No recuerdo. Me pusieron aquí cuando Dora era una niña.
Terapeuta: Háblale a Dora.
Cemento: Soy como un ancla que te mantiene paralizada, tú fuiste quien me puso aquí.
Terapeuta a Dora: Sé Dora de pequeña y dile al cemento por qué le pusiste en tu pié.
Dora de pequeña (poniendo cara de niña asustada): Tengo miedo y te puse en mi pié para sentir algo sólido donde sujetarme (su voz es débil).
Terapeuta: Sé ahora el hoyo ¿cómo es tu existencia como hoyo?.
Hoyo: Soy un hoyo no muy grande para un adulto pero para un niño soy un problema.
Terapeuta: Háblale a Dora.
Hoyo: Yo no quiero hacerte nada, sólo soy un hoyo pequeño y puedes irte cuando tú quieras.
Terapeuta: Ahora sé la gente que pasa y di a qué lugar os dirigís.
Gente: (A Dora se le transforma la cara y su semblante es serio, su voz suena con gran decisión). Somos personas adultas que vamos caminando hacia nuestro destino.
Terapeuta a Dora: Imagínate que ya no tienes el cemento aprisionándote el pié ¿qué pasaría?.
Dora se sienta en el centro de la sala como si estuviese sentada al borde del hoyo, su cara es de nuevo la de una niña pequeña y su cuerpo está encogido. Cuando se da cuenta de que ya nada la aprisiona (se toca el pié y le da masaje) hace el gesto de salir del hoyo y se pone de pié.
Terapeuta: ¿Qué estás sintiendo?
Dora: Estoy creciendo (dice llena de sorpresa, se estira, respira profundamente y saca el pecho. Su voz suena segura y su cara tiene ahora una expresión de fuerza y alegría que se hace patente a los demás componentes del grupo. Respiro mejor, es como si los pulmones se me hubiesen ensanchado, ahora me siento una mujer, ahora soy tan alta como la gente que pasa caminando.
Terapeuta: ¿Has comprendido el mensaje de tu sueño?.
Dora: ( Aún con los ojos cerrados y con voz emocionada) Sí, el miedo de niña me estaba impidiendo coger las riendas de mi vida. Ahora me siento capaz y fuerte para hacerlo. No soy una niña, ya nada me impide ser una mujer.
Dora estaba en un momento de su vida en el que debía tomar una decisión importante y que llevaba demorando varios meses con excusas.
El sueño que se relata a continuación ha sido sacado del libro SONIA TE ENVÍO LOS CUADERNOS CAFÉ de Adriana Schnacke, pág. 135.

El sueño de Ema

Llego a una escuela en la que se va a celebrar la fiesta de San Juan. Voy vestida con una blusa beige, que me gusta mucho, me saco la ropa, la cuelgo en la percha y me pongo un delantal. Yo adoro las fiestas con los niños. Entro en el patio y empiezo a colgar banderas en distintos puntos. Arreglo mesas con cosas. Está lleno de gente, todos alegres: niños y adultos. Es la fiesta y yo estoy vendiendo o sirviendo, siempre en mi estand.
Termina la fiesta, se empiezan a ir todos. Voy a cambiarme la ropa y no la encuentro. No está mi blusa. Llamo al director y no sabe. Me siento muy desolada y vacía sin mi ropa. Era una blusa que quería mucho. Despierto.
Terapeuta: Sé el patio. ¿Cómo es tu existencia como patio?
Ema: Soy un patio de cemento, frío, liso. En mí juegan los niños, tengo un surtidor de agua en el medio (se muestra el ombligo).
T: ¿Qué ves desde ahí?
E: La escuela, las piezas para allá, las barandas del corredor y el corredor.
T: Háblale siendo patio, al corredor.
Patio: Tú estás siempre ahí sobre mí, los niños se apoyan en tus barandas, estás más cerca de la gente, ves mejor que yo aquí en el suelo.
Corredor: Sí, es cierto que estoy mejor, andan con más cuidado sobre mí y te miro para abajo, pero te veo bien, no sé de qué te quejas.
Patio: Yo soy de cemento frío, no estoy protegido.
Corredor: Pero te da el sol, eres firme. Tú siempre te estás quejando. Claro que soy mejor que tú en algunas cosas, pero en otras no. A mí me toca el sol sólo en la mitad.
Patio: Sí, pero estás protegido de la lluvia, eres más alto, más independiente que yo y nunca me das la razón.
Corredor: Tú te quejas de todo. Es cierto que estás ahí sin protección, pero cómo te voy a apoyar yo, que me apoyo en ti.
Patio: Tienes razón, tú también te apoyas en mí, estoy preso. No puedo moverme ni cambiar. Estoy condenado.
Corredor: Tan condenado como yo, tan preso como yo, pero yo no me siento así. Dependemos uno del otro. Yo no puedo existir sin ti. (La voz como corredor es más entera).
Patio: En algo me encuentras acertado. Estamos condenados a permanecer juntos, no nos podemos separar. (La voz se hace más quejosa y débil).
T: ¿Cómo te sientes como patio?
E: Presa, condenada. Atada al corredor.
T: Díselo.
Patio: Así estamos el uno al lado del otro. En realidad tú no me puedes ayudar, ni apoyar.
Corredor: Tú me apoyas a mí, pero yo te hago más acogedor, te contengo, así como tú contienes el surtidor de agua.
Patio: ¡Cierto! ¡Cierto! ¡Tengo el surtidor de agua!
T: Háblale al surtidor de agua.
Patio: Eres hermoso, de ti sale agua que refresca. Alegras. Tienes pececillos. Los niños gozan contigo. Toda la gente.
T: Sé el surtidor de agua y contéstale.
(Se sienta con las piernas cruzadas y los brazos levantados, le cambia la expresión del rostro. Se ve hermosa).
Surtidor: Sí, mi agua es fresca y siempre renovándose. Tengo peces y estoy muy alegre, pero si no fuera por ti no estaría. Estoy en tu mitad. Tú me sujetas.
T: Vuelve a ser de nuevo el patio.
Patio: Sujetándote a ti me siento diferente, sólido, firme y los niños pueden correr en mí. Me cubren entero cuando hay muchos, y cuando quedo solo, como ahora, sé que volverán, porque te tengo a ti, surtidor, y tú tienes agua.
(La expresión de su rostro es plácida y hermosa, como cuando fue el surtidor de agua).
T: ¿Entiendes el mensaje de tu sueño?
E: Sí, y más que eso. Tengo una hermosa sensación de unidad.

 

 
 
                        
                         e-mail: info@mai-sol.com
                         teléfono: 902 10 14 93
 
 
 

Mapa Web     Buscar Pareja     Agencia matrimonial     Quiénes somos     Dónde estamos     Cómo trabajamos 
Barcelona     Terrassa     Aragón     Vigo     Sabadell     Granada     Málaga     Palma     A Coruña     Felanitx     Granada    
Mai-sol es el único responsable de los contenidos de este sitio web. Clic-Telematica tiene únicamente responsabilidad técnica Desarrollado por Clic Telemática © 2005
.:: Powered by Clitel WebSite Pro 7.0 ::.   
Empresas Guía de empresas – Posicionamiento en buscadores – Directorio web